La Asociación de Cine Vértigo celebra en junio de 2026, en el CICCA de Las Palmas de Gran Canaria (Fundación La Caja de Canarias), el ciclo «Nada es lo que parece. 50 años sin Agatha Christie», una propuesta dedicada a una de las autoras fundamentales y más célebres de la literatura de misterio, cuya extraordinaria capacidad para construir enigmas y personajes memorables ha convertido su obra en una de las más influyentes y con mayor presencia en el cine, a través de una selección de algunas de sus adaptaciones más representativas.
Los títulos y sus fechas de proyección, en horario de 18:30 horas y con entrada gratuita, son:
“Diez negritos”, de René Clair. EE.UU., 1945. (Lunes 8 de junio)
“Testigo de cargo”, de Billy Wilder. EE. UU., 1957 (Lunes 15 de junio)
“Asesinato en el Orient Express”, de Sidney Lumet. Reino Unido, 1974. (Lunes 22 de junio)
“Muerte bajo el sol”, de Guy Hamilton. Reino Unido, 1982. (Lunes 29 de junio)
Consulta o descarga el folleto: [pdf]
Agatha Christie en 1964 (Foto: Wikipedia)
Nada es lo que parece. 50 años sin Agatha Christie
El presente ciclo invita a explorar cuatro adaptaciones cinematográficas de la conocida autora de misterio que permiten observar cómo un mismo universo narrativo —el del enigma criminal— se transforma según las convenciones estéticas, industriales y culturales de cada momento histórico.
Diez negritos (And Then There Were None, René Clair, 1945) y Testigo de cargo (Witness for the Prosecution, Billy Wilder, 1957) constituyen dos aproximaciones claramente diferenciadas a la adaptación del universo de Christie en el contexto del clasicismo cinematográfico. Mientras Clair opta por una puesta en escena cerrada, casi teatral, que enfatiza la progresiva eliminación de personajes en un espacio único, Wilder desplaza el interés hacia la dialéctica verbal y la ambigüedad psicológica en un entorno judicial. La primera se articula sobre la gestión del espacio y el montaje como generadores de tensión, mientras que la segunda se apoya en el guion y en la interpretación actoral como motores del suspense. Esta diferencia revela dos modos de entender la adaptación: uno que preserva la estructura del enigma como dispositivo formal y otro que la expande hacia el drama de personajes, enriqueciendo los matices emocionales y morales del relato original.
El contraste se hace aún más evidente al incorporar Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974), donde el modelo narrativo de Christie se integra en una lógica de producción más espectacular. Frente a la economía expresiva de Clair y la precisión dramática de Wilder, Lumet apuesta por un dispositivo coral y una puesta en escena estilizada que convierte el misterio en un evento cinematográfico de gran escala. Esta aparente espectacularidad no diluye la complejidad del relato, sino que la reformula: el espacio cerrado del tren funciona, al igual que la mansión en Diez negritos, como un microcosmos social, pero ahora enriquecido por la diversidad de personajes y por una mayor densidad ética.
Escena de “Asesinato en el Orient Express”
Finalmente, Muerte bajo el sol (Evil Under the Sun, Guy Hamilton, 1982) permite observar una inflexión hacia una concepción más lúdica y accesible del género, en diálogo tanto con Lumet como con las adaptaciones anteriores. Si en Diez negritos predominaba la atmósfera opresiva y en Testigo de cargo la tensión discursiva, aquí el suspense se integra en un entorno visualmente luminoso que introduce un tono más ligero sin renunciar a la intriga. Comparativamente, la figura de Hércules Poirot —presente en las dos últimas películas— funciona como un eje de continuidad que, sin embargo, se reinterpreta según el registro de cada filme: más excéntrico y teatral en Lumet, más irónico y cercano en Hamilton. Este desplazamiento ilustra cómo la repetición de un mismo personaje puede generar lecturas diversas, adaptándose a las expectativas de distintos públicos y momentos históricos.
Más allá de la fidelidad argumental, estas películas evidencian distintas formas de traducir al lenguaje cinematográfico los mecanismos esenciales de la autora: el control de la información, la construcción del suspense y la resolución lógica del misterio. En conjunto, el ciclo permite comprender que la obra de Christie no constituye un modelo fijo, sino un sistema narrativo flexible, capaz de generar múltiples formas cinematográficas que dialogan entre sí y enriquecen la experiencia del espectador.

